El estudioso Schumann

Robert Schumann fue un gran conocedor de la música clásica y de los procedimientos que debían seguirse para tratarla con delicadez y con sapiencia, a la hora de enfrentarse al pentagrama como compositor, a la hora de enfrentarse a las teclas como pianista y a la hora de enfrentarse al papel como crítico musical.

Schumann, aparentemente recordado como referente para los conservadores de Leipzig por la pretensión a no ir más allá de las pautas marcadas por Ludwig van Beethoven, fue sin embargo un reformador, un progresista y un innovador en muchas de las ideas que fue planteando.

Para Robert, el tiempo que destinaba un músico a su principal pasión debía ser examinado y cuidado; era ferviente enemigo de pasar horas, días y años tocando atentamente las escalas y repitiendo de forma mecánica los ejercicios para los dedos; Schumann proponía luchar contra esa monotonía que a la postre acarrearía muchas horas desperdiciadas por parte del músico, para pasar, en cambio, a emplear mejor el tiempo en el trato con el instrumento.

Especialmente meticuloso y crítico se mostraba Schumann con la mala praxis que algunos músicos de la época hacían del compás; para él, la mala ejecución del compás de algunos pianistas le recordaba a los andares de un borracho, por lo que había que tener cuidado con imitar a este tipo de intérpretes musicales.

Muy crítico se mostró además Schumann con la utilidad de los teclados mudos, a los que consideraba una auténtica estupidez y una irremediable pérdida de tiempo. Profundizar en las leyes esenciales de la armonía se convirtió en otra de sus preocupaciones.

Schumann, buen conocedor de la música clásica, se cuidó de no confundir virtuosismo con velocidad, pues consideraba que tan perjudicial era tocar muy lento como tocar muy rápido. Tener el instrumento siempre afinado a la perfección y disponerse a interpretar una pieza sin omitir absolutamente nada eran otras de las premisas propugnadas por Robert Schumann, especialmente dirigidas a los jóvenes estudiantes de música.