El legado que deja Schumann

Las obras que Robert Schumann compuso durante su vida establecen un importantísimo legado y sin duda suponen uno de las cimas del romanticismo. El medido y cuidado trato que proporciona al piano (también lo hace a la voz) es uno de sus sellos distintivos. Entre su trabajo orquestal encontramos fastuosas sinfonías como la Segunda, de 1845 a 1846; la Tercera, conocida como Renania, de 1850; o la Cuarta, de 1841. Dignos de ir más allá del elogio también son el ‘Concierto para piano’, de 1841 a 1845; el ‘Concierto para violoncelo’, de 1850; o el ‘Concierto para violín’, de 1853.

Si nos ocupamos de las composiciones de Schumann referentes a la música de cámara, podríamos citar el primer cuartero en LA menor, de 1842; el primer trío en RE menor, de 1847; ‘Escenas de cuentos para viola o violín y piano’, de 1851; el par de sonatas que compone para violín y piano también en el 51; las ‘Cinco piezas en tono popular para violoncelo y piano’, de 1849; o las ‘Fantasías para clarinete y piano’, de 1849.

No debemos olvidar la auténtica delicia que supone escuchar relajadamente piezas como ‘Fantasía en DO mayor Op. 17- Sempre Fantasticamente ed Appassionatamente’. Especialmente brillantes son también los Andante y Variaciones compuestas por el alemán, cargadas de ternura y sensibilidad.

El profundo conocimiento de todo tipo de terrenos queda patente en la música coral y religiosa que Schumann escribió. Aquí podemos resaltar los oratorios ‘el paraíso y la Peri’ (1841 – 1843); El ‘Requiem para Mignon, de 1849; o ‘El peregrinaje de la rosa’, de 1851. Cabe enunciar de entre sus canciones ‘Kerner Lieder’, ‘Liederkreis’ o ‘Mirtos’ (prueba de su amor por lo poético y lo sensible).

En su música para piano se incluyen ‘Mariposas’, la conocida ‘Carnaval’, ‘Estudios sinfónicos’, ‘cerrajeros en Valladolid‘ Fantasía kreisleriana’, ‘Arabeske’, ‘Escenas de juventud’ o ‘Carnaval de Viena’; todas ellas, manjares para el oído.