Locos por la música de Robert Schumann

En ocasiones gastamos buena parte de nuestras energías en hacer el perfil y el retrato de Robert Schumann centrándonos en aspectos y materias ajenas a su propia obra, que al fin y al cabo es por lo que a día de hoy lo conocemos. Poco importan sus peripecias personales ni sus cuadros de falta de salud mental, así que volquemos todo nuestro empeño en reivindicar únicamente su maravillosa música.

Schumann fue sin duda uno de los grandes exponentes de la música clásica en el siglo diecinueve, cuando se erigió además en uno de los bastiones del movimiento musical romántico. Compositor, pianista y crítico musical, Schumann es también una de las figuras más reconocidas de los pentagramas paridos a lo largo de la Historia de Alemania.

Es imposible no enamorarse de obras tan fastuosas como ‘Carnaval, Op.9’, dedicada al violinista Karol Lipinski. Esta creación, que lleva por subtítulo ‘Escenas bonitas sobre cuatro notas’, sacaba a relucir todo el talento que el compositor tenía a merced del piano; por medio de una colección de veintidós piezas breves, Schumann da vida a un grupo de personas con máscaras en el carnaval previo al periodo de cuaresma. En ‘Carnaval’ hay lugar para muy diferentes pasajes sonoros, desde una evocación de su compañero Frédéric Chopin hasta una hermosa marcha de clausura de la obra.

El ‘Concierto para piano y orquesta en la menor’ es otras de las creaciones de Schumann a las que hay que darle un rol preeminente. La personalidad del músico alemán queda de manifiesta en esta obra, que huye de los preceptos clásicos establecidos para el concierto que compositores como Beethoven o Mozart habían ido asentando.

Dignas de mención también son sus composiciones orquestales. La ‘Sinfonía número 4 en re menor’ es quizá uno de los paradigmas creativos de Schumann en este terreno; escrita, reescrita y revisada diez años más tarde, el genio alemán pasó finalmente a mostrar mayor afecto por la primera versión que había realizado.