Un autor precoz

Para viajar hasta la construcción del nombre de Robert Schumann con letras de oro en el Olimpo de la Historia de la música clásica, no hay que obviar cómo su vinculación con el pentagrama se inicia a una corta edad. Con tan sólo siete años de edad, Robert pasa a componer sus primeras piezas y obras, todo un preludio de lo que posteriormente iba a ir ocurriendo.

Después de que su padre decidiese contratar a un profesor de piano para que lo acercase al universo de la educación musical, el pequeño Schumann va liberando todo el talento que atesoraba. Así, la música del compositor se entrelaza en sus primeros años de viaje con la pasión por la literatura, ya que Robert comienza a redactar poemas, ensayos y textos todavía en la niñez.

Ya en la pre-adolescencia trabaja duro para completar un ensayo acerca de la estética de la música, otra prueba de cómo iba a cuidar en el futuro los matices románticos y estéticos en su obra. En su formación académica empiezan a aparecer grandes nombres de las letras alemanas, como Schiller, Goethe o Johann Paul Friedrich Richter, éste último, influencia muy especial y determinante en la concepción de la vida que va desarrollando Schumann.

Geniales escritores de la enjundia de Lord Byron o las obras de los autores de la Grecia Clásica también van permeando en la joven concepción del mundo y de la vida del adolescente Robert Schumann. Ya desde niño sus oídos habían ido familiarizándose con piezas de compositores como Franz Schubert o Feliz Mendelssohn; también le influyó bastante asistir a un recital que el gran pianista y compositor bohemio Ignaz Moscheles realizó en Carlsbad.

Allá por 1830, un joven Schumann de apenas veinte años trabaja duro por mejorar como pianista y por ir puliendo su innegable técnica de teclado. Sin embargó, por aquel entonces había ideado un aparato para lograr más control y agilidad en su cuarto dedo, algo que acabó dañándole el índice. Esto supuso un paso atrás, ya que Schumann se vio obligado a abandonar su carrera como concertista.